El mundo de los denominados expertos financieros mantiene estos días una enconada disputa alrededor de esta expresión inglesa que en román paladino consiste en la obligación de valorar los activos de los bancos a precios de mercado. Si un banco concede un crédito hipotecario de 300.000 euros por una casa que vale 400.000 no pasa nada. Pero si el mercado se desploma y la casa pasa a valer 200.000 euros, el banco tiene que provisionar 100.00 euros. El banco sigue siendo el mismo y la casa también, pero la ortodoxia de la contabilidad y una elemental norma de prudencia así lo indica. Sin embargo esta obligación está para muchos en el origen de la crisis ya que las entidades financieras, primero de Estados Unidos, y luego del resto del mundo tuvieron que poner de golpe decenas de miles de millones para ajustar sus balances al precio real de los activos que figuraban como garantía de los créditos. Como además nadie se prestaba dinero entre sí había que pagar un sobreprecio por un dinero que sólo tenía una finalidad contable, pero que no iba destinado al mercado productivo. Esa espiral llevó a la ruina a Lehman Brothers y tras este gigante americano, tantos otros. Ahora se plantean, encabezados por el multimillonario Buffett dulcificar la norma y dar a los activos un precio simbólico que ahorre a los bancos esta cascada de provisiones con la excusa de que un bien que no tiene mercado no tiene precio. Ahí está el quid de la cuestión pero nadie sabe a ciencia cierta si será peor el remedio que la enfermedad.
Artículo publicado en el Diario La Razón por Jesús F. Briceño el 20 de marzo de 2009
La crisis parece una barrera insalvable para la economía española justo cuando se cumple un año del gobierno Zapatero, pero también es una oportunidad para llevar a cabo cambios estructurales para aumentar la competencia y mejorar la productividad. Una de las reformas pendientes de más calado es la aplicación en España de la denominada Directiva Europea de Servicios que deroga fronteras artificiales y trabas burocráticas. Un claro ejemplo de estas trabas son las diecisiete legislaciones que aplican las Comunidades Autónomas en detrimento de la unidad de mercado. España tiene que adaptar unas 16.000 normas internas a esta Directiva que los técnicos de Economía y Hacienda prevén tener lista para el mes de septiembre. Pero una cosa es la teoría y otra la voluntad política para aplicarla, ya que esta Directiva limita la soberanía nacional y, además, cuestiona el concepto de lo público. El sector servicios es el más importante de la economía española y supone el 68 por 100 del PIB. Este proceso de transposición de la normativa europea pretende modernizar la legislación, incrementar la transparencia y llevar a cabo un ambicioso programa de simplificación administrativa, eliminando barreras, reduciendo trámites y reforzando los derechos de los consumidores. La simulación que ha hecho Economía no tiene desperdicio. Con más libertad y menos burocracia crece el PIB y se genera empleo. La solución a la crisis no pasa sólo por incrementar el gasto público.
El paro es el principal indicador de la gravedad de la crisis económica. Este mes han sido 5.502 nuevos parados cada día. La EPA de abril, previsiblemente, será peor.
La economía española se contraerá este año el 2,8% y seguirá en recesión en 2010, año en el que caerá el 0,3% según el informe de Situación de BBVA. El informe señala que la recesión «sin precedentes» de la economía mundial ha intensificado el proceso de ajuste de la economía española más allá de lo esperado hace cuatro meses, cuando este Servicio de Estudios preveía un retroceso de sólo el 1% para este año. En este ejercicio, la tasa media de paro alcanzará el 17,7% -2,3 puntos por encima de la última previsión- y el 19,7% en 2010.
El déficit de las Administraciones Públicas ha alcanzado en 2008 el 3,82 por 100 del PIB, con una diferencia entre ingresos y gastos de 41.874 millones de euros. Esta cifra barre de un plumazo todas las previsiones y apunta una vez más contra la línea de flotación de las cuentas públicas. Ya hay predicciones que señalan un déficit este año del 8 por 100, casi tres puntos más que el de Solbes. El presidente del Gobierno ha justificaba la batería de medidas anticrisis basadas en una expansión del gasto social apelando a la consolidación del Estado del bienestar. Pero las cifras son tercas y se niegan a hacer justicia a las buenas intenciones del Gobierno que cosecha derrota tras derrota en todos sus frentes ante los cuatro jinetes del apocalipsis de la crisis: paro, déficit, deuda y solvencia. Más bien parece que lo que se pretende mantener es el bienestar del Estado en esa teoría de que las naciones nunca quiebran, ya que la clase política sobrevive a las peores circunstancias, y ahí tenemos, por ejemplo, los casos de Argentina o Islandia. ¿El Estado? Bien, gracias… Zapatero se prepara ahora para acudir a la nueva cita del G-20 en Londres. Más trasiego de viajes, comisiones de trabajo, dietas, informes, etc. Tendrá ocasión de presentar sus logros en estos tres meses de medidas anticrisis. España, bien gracias…, los españoles no tanto.
El presidente de BBVA, Francisco González, ha afirmado en la Coferencia internacional de ABC que «es mejor intervenir que nacionalizar» los bancos. En su opinión, las intervenciones son un proceso mucho más rápido, que permite separar los activos buenos y que éstos vayan a los jugadores fuertes. En su opinión, el sistema financiero tendría que «estar preparado» para abordar estas actuaciones de forma rápida y eficaz, y lograr que tuvieran los menores impactos negativos sobre el conjunto de las entidades. Ha abogado por utilizar el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) para sanear entidades, si bien ha insistido en la necesidad de que las ayudas sean temporales y condicionadas a un plan de reestructuración. «En España hasta ahora no ha habido problemas de solvencia, pero la duración y profundidad de la crisis determinará que haya problemas de solvencia en algunas entidades, por lo tanto hay que estar preparado para evitar el mayor impacto», ha aseverado.
Zapatero ya no ve la salida a la crisis tan fácil y reconoce que «va a costar tiempo recuperar la normalidad en el sistema financiero». Respondiendo al senador de Entesa Catalana de Progrés, Carles Bonet, señaló que las medidas que ha puesto en marcha el Gobierno son «de respaldo, no de subvención ni de inyección a las entidades financieras» y buscan devolver la confianza en el sector y reactivar la economía. Por su parte, Pedro Solbes para no desentonar de su jefe de filas también ha afirmado que ya no ve la salida de la crisis tan cerca como antes. Hasta ahora, Solbes había mantenido que la recuperación comenzaría en el segundo semestre de este año. En su intervención, el ministro comentó que 2009 será muy difícil, ya que la crisis alcanzará «su máxima intensidad». «En 2010 y 2011 se apunta a una recuperación de las tasas de crecimiento», según el ministro, aunque matizó que será en 2011 cuando el crecimiento «debería mostrar cierto vigor». Pedro Solbes ha vuelto a defender la prudencia de las entidades financieras a la hora de conceder financiación a empresas y particulares al señalar que «tan malo es denegar un crédito a un demandante solvente como dárselo al que no lo pueda devolver». Solbes espera que los inversores vuelvan a interesarse por comprar deuda pública española cuando desaparezca la «sobre-reacción» que provocó la rebaja de calificación de la deuda española hecha en enero por la agencia Standard & Poors. Solbes también ha asegurado que la constitución del Fondo de Adquisición de Activos Financieros «no ha encarecido la financiación del Estado». Solbes ha reconocido que en un momento como el actual «parece sensato» pedir un esfuerzo a las entidades financieras por «sostener el crédito», aunque al mismo tiempo, advirtió, «sería imprudente establecer requisitos cuantitativos» al dar un préstamo.
Ya hemos aprendido que dos trimestres seguidos sin crecimiento equivalen a recesión. Pero ¿cómo lo llamaremos cuando los trimestres no sean dos, sino tres o cuatro? ¿Y si en vez de trimestres son semestres o años? A veces nos quedamos en tecnicismos que están muy bien para los especialistas y nos olvidamos de la vida. El INE sólo certifica un dato que refleja un camino que ya hemos recorrido. El Gobierno puede decir que todavía en 2008 hemos crecido el 1,2 –y lleva razón– pero el problema es que la tendencia acentúa la caída y con ella el desánimo. Para el trimestre en curso la caída del PIB, según el consenso de los analistas, puede ser superior al 1 por 100, que de mantenerse a lo largo del ejercicio echaría por tierra todas las esperanzas de recuperación.
Tras los apocalípticos mensajes de Obama y Zapatero hay que dar gracias a Dios de que la economía, aunque de forma renqueante, siga funcionando. Bancos y tiendas abren cada día y, aunque con restricciones, atienden a los clientes y despachan sus productos. Los atascos siguen formando parte del paisaje urbano y Madrid se prepara para tres grandes ferias de arte con todos sus hoteles llenos. Casi podríamos decir que la vida, a pesar del Gobierno, sigue su curso. Los políticos lanzan billones de euros o dólares con la mayor naturalidad y cada vez apelan más al esfuerzo colectivo lo cual no es más que reconocer el fracaso propio en su alocada carrera contra la crisis. Si fuera verdad -y ojalá fuera así- el éxito de todos los planes y medidas que ayer citó Zapatero en el Congreso viviríamos en el mejor de los mundos a partir de marzo. Las pymes, las familias, las empresas, los parados, la banca…, todos verán colmadas sus aspiraciones. Por contra Timothy Geithner, nuevo secretario del Tesoro en EEUU, dice que estamos ante una crisis de confianza, de capital, de crédito, de consumo y de demanda… y que las medidas que se proponen agotan ya todo el arsenal disponible.

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