Obama pasará a la historia por haber sido el primer presidente negro de los EE UU, pero no por haber sido su mejor presidente. Algo parecido a Zapatero, que pasará a la historia por haber sido el primer presidente de León. Nadie le quita el mérito a Obama en su afán por desterrar las desigualdades raciales, pero no ha sido el líder que el mundo esperaba para superar la crisis, ni dentro ni fuera de su país. A pesar de su aparente robustez, la economía americana va dando bandazos sin que las medidas adoptadas y la ingente inyección de dinero público en el sistema financiero estén dando sus frutos. EE UU es hoy la economía más endeuda del mundo con cifras de vértigo y los electores, que son los depositarios de la soberanía nacional, han dicho basta. Nuevamente se ha puesto en marcha la máquina del dinero de la FED para comprar una emisión de bonos con los que reactivar una economía mortecina en el umbral de la deflación.
Obama ve como el glamur de su mandato se apaga sin que sepa explicar muy bien a dónde fueron los cientos de miles de millones empleados en el salvamento de unos bancos podridos que le han devuelto la moneda con un incremento espectacular del bonus de sus ejecutivos, que siguen lucrándose gracias a un sistema de remuneración perverso. Mientras, en España cobra cada vez más valor ese refrán que dice: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar…” Y es que las urnas ponen y quitan rey en un abrir y cerrar de ojos. La OCDE vuelve a echar un jarro de agua fría a las expectativas de crecimiento y si la locomotora germana no tira aquí no se creará empleo. Si hoy la noticia fuera que la población de Ciudad Real ha desaparecido del mapa nos habríamos levantado sobresaltados. Pues esa es la traducción del último dato del paro registrado. Casi 70.000 españoles más apuntados en el INEM. Quizá por eso un banco señero como el BBVA no espera obtener en el futuro más de un 10 por 100 de sus resultados en España. Da que pensar.
Artículo publicado por Jesús F. Briceño en el diario La Gaceta (Madird) el 5 de noviembre de 2010
El presidente del Gobierno comienza a hacer su travesía del desierto y a reconocer las verdades del barquero -no las del banquero- que hasta ahora se ha negado a aceptar para que no le enturbien el paisaje. Como decimos en periodismo a los becarios, para que hagan todo lo contrario ¡natuaralmente!,: «no dejes que la realidad te estropee un buen titular…» La crisis, aunque la vida sigue y no todo el mundo está en paro, ni le han denegado un crédito, ni se ha arruinado, etc., presenta cada vez su lado más oscuro porque ahora está llegando a la calle y los cerca de cuatro millones de parados (contando a los que por unas razones o por otras excluye el INEM) se dejan ver por las calles. Las primeras palabras del presidente José Luis Rodríguez Zapatero en su comparecencia en el Congreso en el pleno extraordinario sobre la crisis han ido destinadas al recuerdo de lo que «se esconde detrás de los números», en referencia a los más de tres millones de parados. «No hay nada más importante que acertemos» en las medidas a adoptar, ha asegurado Zapatero, que ha hablado de «combate» al referirse a la lucha contra el paro. Pero con el pecado va la penitnecia y si antes veía luz al final del túnel, ahora reconoce que «aún no hemos tocado fondo», para definir la situación de crisis financiera global. «Podemos anticipar que España está en recesión en el último trimestre del año pasado» y «es en el mercado laboral donde la crisis muestra su faz más negativa e inquietante», ha dicho Zapatero antes de repasar con datos la repercusión de la crisis en el mercado laboral. Zapatero, que ha recordado de nuevo que los analistas erraron en sus previsiones, ha denunciado los efectos sobre «ciudadanos de todo el mundo» de la «codicia ilimitada» de quienes se han aprovechado de la mala regulación de los mercados.

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