Que la banca siempre ha estado con el poder no es novedad. En tiempos de Franco y en los primeros años de la Transición, el sistema financiero estaba tutelado por los siete grandes (Banesto, Central, Hispano, Bilbao, Vizcaya, Santander y Popular) que actuaban como un oligopolio bajo la batuta de José María Aguirre Gonzalo. Su lema era que la banca, como servicio público, tenía que estar con el Gobierno.
Cuando la Transición se hacía inevitable, la banca apostó tímidamente por la apertura controlada financiando con escasez el diario Informaciones bajo la dirección de Jesús de la Serna y la ejecución de Juan Luis Cebrián. Poco después, y con Spotorno, Polanco y Fraga al timón, la banca dinamitó el proyecto Informaciones y apostó decididamente por El País. Tras las elecciones que dieron la primera victoria al PSOE de Felipe González sólo dos banqueros entendieron el cambio y fueron a rendir pleitesía a los nuevos mandamases: Emilio Botín (padre), en nombre del Santander, y Luis Valls, en el del Popular.
Como el PSOE ni olvida ni perdona, fueron estas marcas las únicas que conservaron su integridad, ya que bajo la dirección de Boyer, Solchaga, Rubio y Rojo, pasaron por la máquina de picar carne a las entidades díscolas y a sus primeros ejecutivos. Hoy, la banca española, como antaño, depende del BOE y de las arbitrariedades de los burócratas de Bruselas y del regulador que señalan la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio.
Botín ha salvado su patrimonio frente a este Gobierno intervencionista y ha multiplicado con creces los talentos que le legó su padre. Acostumbrado a otear el horizonte desde su promontorio del paseo de Pereda en Santander, ve más lejos que los demás y se anticipa al futuro. Con sus declaraciones a favor de las medidas del Gobierno ha puesto su Ferrari rojo a disposición de Zapatero, quizá para que se aleje más rápido, ya que el paro no le va a amargar el día. Pero no lo duden, será el primero en acudir a Génova 13 si gana Rajoy.
Artículo publicado por Jesús F. Briceño en el diario LA GACETA (Madrid), el 5 de febrero de 2011
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/opinion/ferrari-zapatero-20110205
El presidente del Gobierno ha transmitido a los altos ejecutivos de los grandes grupos empresariales europeos, con quienes se ha reunido en La Moncloa, que el gran objetivo de la presidencia semestral española de la UE, en el ámbito de la industria, es el desarrollo de una estrategia común para impulsar el vehículo eléctrico.
La crisis económica no la sufren los políticos, ni los funcionarios, ni los sindicatos, ni los pensionistas, ni los que mantienen su puesto de trabajo y, como mucho, pueden ver congelado su sueldo este año. Las consecuencias de la crisis las viven los empresarios –no los ejecutivos de las grandes empresas– que se juegan su dinero y que están atrapados entre proveedores y bancos. Pero la crisis quien de verdad la sufre es el parado. Doscientos mil cada mes engrosan la cola del desempleo y ya se le ven las orejas al lobo de los cuatro millones a razón de seis mil seiscientos cada día. Si en febrero, otro mes estadísticamente malo, se repiten las cifras de enero, se habrán alcanzado los tres millones y medio, y aunque a partir de marzo se atenúe la caída del empleo con el plan de choque del Gobierno a través de las obras públicas en los municipios, las contrataciones de Semana Santa y las estivales, todo apunta a que a principios del otoño –si no antes– se alcanzarán los cuatro millones de parados. ¿Y entonces qué? ¿Seguirá el Gobierno echándole en cara a la banca que no concede créditos o repetirá que hay que arrimar el hombro? ¿Pero no habíamos quedado en que el sistema financiero español era el más sólido del planeta y el propio José Luis Rodríguez Zapatero lo puso de ejemplo en la cumbre celebrada en Washington?

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