Desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha pasado por muchas vicisitudes, y la actual es una de las más deprimentes de su historia. La Unión Europea, carente de un liderazgo fuerte, ha sucumbido a la orgía de los mercados y los especuladores. Sus actuales dirigentes –Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, y la señora Catherine Asthon, alto representante para Asuntos Exteriores– son un desastre de proporciones épicas. Quién nos iba a decir a los españoles que íbamos a echar de menos a Jacques Delors, que nos las hizo pasar canutas en nuestro tortuoso camino de adhesión a las Comunidades Europeas.
Europa está en manos de una legión de burócratas incapaces de ver más allá de sus magros sueldos y prebendas. Giscard d’Estaing le dio la puntilla a esta Europa enferma y anquilosada con un remedo de Constitución que hizo perder la fe a los pocos europeístas convencidos que han sobrevivido a tanto desafuero. Durao Barroso es un presidente de la Comisión débil y acomplejado por la propia situación interna de Portugal, incapaz de imponer su criterio a los pesos pesados del continente. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy se han erigido en amos de una Europa en la que no creen, ya que sólo miran a favor de sus intereses y en clave de sus respectivas elecciones en Alemania y Francia. La única autoridad continental es el Banco Central Europeo, dedicado en exclusiva a fijar los tipos de interés a remolque del precio que descuentan los mercados.
El presidente del Consejo, Van Rompuy, es lo más parecido a Rodríguez Zapatero, siempre a remolque de los acontecimientos y haciendo el Don Tancredo en las cumbres del G-20, mientras Obama, Merkel o los sátrapas de las agencias de rating le comen la merienda. El asunto del chantaje al que someten las agencias de calificación a los países y bancos europeos lleva meses pudriéndose en las cumbres de jefes de Estado o de Gobierno, sin que sean capaces de pegar un puñetazo en la mesa. Seguimos pagando a los verdugos que elevan de forma artificial el precio de la deuda soberana para engordar su bolsa, y aquí no pasa nada.
Artículo publicado por Jesús F. Briceño en el diario LA GACETA (Madrid) el 21 de Julio de 2011
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/opinion/opinion/europa-sin-gobierno-20110721
La crisis ha golpeado a todos los Estados, pero hay muchas maneras de salir de ella. En las dos naciones locomotoras del mundo la receta es radicalmente distinta de la española. En Estados Unidos prima la flexibilidad laboral que permite ajustar la producción a la demanda con mucha más facilidad que en Europa. En Alemania, la receta de Angela Merkel es bajar los impuestos. Según la canciller federal alemana, que no hace demagogia con la política de género, bajar sustancialmente los impuestos en la próxima Legislatura es la «forma sensata» de favorecer el crecimiento económico y sacar así al país de la crisis.

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